LO MEJOR DEL VALLE DE BELAGUA Y RONCAL
Allá donde linda Roncal (en euskera, Erronkari) con Barétous, el Pirineo navarro con el Pirineo Bearnés, allá donde el agrietado Karst de Larra forma un cos pétreo, allá donde abunda el pino negro, allá donde las oquedades escondidas se pierden en el abismo, allá donde comienza la verdadera montaña pirenaica…

El mapa del Valle de Roncal y Belagua

Belagua forma parte del Valle del Roncal y es, de hecho, su zona más alpina y salvaje, un territorio de altas montañas, praderas abiertas y paisajes kársticos que marcan el carácter de esta parte del Pirineo. El valle se articula a lo largo del río Esca y lo conforman pueblos con una fuerte identidad como Isaba, Uztarroz, Urzainki o Roncal.
Esta es la Navarra más montañera, la de La Mesa de los Tres Reyes y el Auñamendi, probablemente las cimas más sagradas y adoradas por los y las “mendizales” de Euskal Herria.
🚗 ACCESOS PRINCIPALES:
- Desde Valle de Salazar, en Otsagabia subimos el Alto de Laza y bajamos a Izaba.
- Desde Iruñea (Pamplona), dirección Lunbier. Para llegar al Valle de Roncal subimos el puerto de Las Coronas.
- Desde el Valle de Barétous (Pirineo Bearnés), llegamos a la Piedra de San Martín pasando por la estación de esquí de Arette.
- Desde los Valles Occidentales, podemos acceder por Ansó a Roncal (carretera de montaña).
- Desde Jaca (Valle del Aragón), tomamos dirección Salvatierra de Esca y de allí nos adentramos en el Valle del Roncal.
Los imprescindibles del Valle de Belagua y el Valle de Roncal

Aunque Erronkari (Valle del Roncal) es de esos lugares que no necesitan presentación, se la vamos a dar igual.
Aquí la naturaleza va a lo grande: Larra configura uno de los conjuntos kársticos más importantes del mundo. Izaba, probablemente sea uno de los pueblos más bonitos del Valle y es la campamento base perfecto para explorar montañas y rutas. Aquí el Pirineo se vuelve sinuoso, las cumbres empiezan a rondar y superar los 2000 metros y el terreno adquiere un perfil montañoso que ya no desaparece hasta Catalunya. El río Esca pone la banda sonora a esta película y aquí en lugar de palomitas, pedimos queso de Roncal y un txupito de Patxarán.
Los pueblos del Valle de Roncal

Casas de piedra con arcaica balconada de madera, portada de medio punto y tejados de fuerte pendiente construidos para aguantar el peso de la nieve.
Si a estos ingredientes añadimos calles empedradas, ya no nos queda ninguna duda de que estamos en un pueblo netamente roncalés.
En más de uno de estos pueblos encontraremos alguna mención a los almadieros que escribieron una página importante de la historia del valle cuando no existía el transporte como lo conocemos hoy en día. La madera se transportaba en precarias embarcaciones formadas con troncos unidos entre sí que tomaron el nombre de almadías. Sobre ellas se emprendían peligrosos viajes por el río hasta el punto de venta de la madera. Todavía hoy, un domingo al año, realizan un descenso conmemorativo.
También nos gustaría contaros la historia de Gayarre, el tenor que cautivó con su voz prodigiosa los teatros del mundo. Queréis más, ¿verdad?
LA VOZ DEL PIRINEO.
9 de enero de 1844. En la localidad de Erronkari (Roncal) nació Julián Gayarre. Se ganó la vida, primero como pastor y después como herrero, pero todo dio un giro cuando en la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en una figura de la ópera. Actuó por toda Europa y también en América, consiguiendo abarrotar todos los teatros por donde pasaba. Hijo de labradores, nunca olvidó su origen humilde ni su pueblo, lo que le hizo aún más grande.
Su fama alcanzó cotas inimaginables. Cuentan al respecto que una dama rusa envió desde Moscú una carta en cuyo sobre sólo se leía el nombre del tenor y su localidad natal. Pues bien, la carta llegó 6 días después sin que fuera necesario poner ningún dato más. Aún hoy, más de un siglo después de su muerte, Gayarre sigue despertando interés y admiración.
si no nos creéis acercaros a visitar su increíble tumba. Porque el tenor nació aquí y aquí está enterrado. Su mausoleo, escoltado por una alegoría de la Música que llora su muerte está realizado en mármol de Carraca y hierro colado, y su escultor (Mariano Benlliure) antes de traerlo a Roncal, lo exhibió por toda Europa y ganó numerosos premios por su belleza.
Las montañas más impresionantes de Belagua (Valle del Roncal)
HIRU ERREGEEN MAHAIA (La mesa de los Tres Reyes)

Dicen que es la cima de Hiru Erregeen Mahaia o Mesa de los Tres Reyes, a 2428 metros de altura, convergen los tres territorios de Bearn (Valle de Barétous), Aragón (Valles Occidentales) y Euskal Herria (Pirineo Navarro)
Sin embargo, no es en su cima donde confluyen tales límites, sino en la cercana cumbre, La Table, unos veinte metros de desnivel menor. Tampoco parece probable que los reyes de Francia, Aragón y Nafarroa subieran a ella para discutir los asuntos de sus reinos. Ni es la única Mesa de los Tres Reyes en tierras navarras. Hay otra en la confluencia entre Ágreda, Fitero y Tarazona, donde los reyes de Castilla, Nafarroa y Aragón parece que lo tuvieron un poco más fácil.
Aún así, es una de las cimas mas veneradas por los montañeros vascos y una de las más visitadas del Pirineo navarro.
No es de acceso fácil, pero las vistas desde su cumbre hacia el Petrechema, las agujas de Ansabêre y el macizo central pirenaico merecen el esfuerzo.
Si queréis comprobarlo aquí tenéis 👉 SUBIDA A LA MESA DE LOS TRES REYES.
AUÑAMENDI: LA MÁS ALTA (2.507 m)


Estamos ante la montaña más alta de Euskal Herria.
Un paisaje kárstico es un lugar árido, de rocas calizas roídas por el agua de la lluvia o la nieve tras su deshielo.
El líquido elemento se filtra en la superficie del suelo y en su seno va creando ríos ocultos que recorren las entrañas de las montañas, a la vez que lo erosionan o lo agujerean por dentro como si fuera un queso de Gruyère.
Exteriormente tan solo se observa una especie de meseta mineral fracturada y arañada, difícil de recorrer, lo que a muchos mendizales les recuerda a un glaciar petrificado, pero en el invierno, quedará tapado y dulcificado por un blanco manto de nieve. Y es por ahí arriba, por ese extraño paisaje al aire libre de severos lapiaces, por donde discurre el itinerario que desde el collado de Ernaz, asciende hasta el Auñamendi, pirámide perfecta donde la leyenda cuenta que Mari, la diosa más importante de la mitología vasca, tiene una de sus moradas más bonitas.
Si queréis visitarla, podéis descargaros 👉 LA SUBIDA AL AUÑAMENDI DESDE LA PIEDRA DE SAN MARTÍN.
LAKARTXELA Y BINBALETA DESDE EL REFUGIO DE BELAGUA

Pocas cosas son tan placenteras como tumbarse a leer un libro en una cima herbosa a casi 2000 metros de altura con el solete en la cara.
Si queréis comprobarlo aquí tenéis 👉 LA SUBIDA A LAKARTXELA DESDE EL REFUGIO DE BELAGUA.
ME PONGO PUNTILLOSA.
¿Kartxela o Lakartxela?
Yo siempre lo he llamado Kartxela, pero el Diccionario Retana de autoridades del euskera indica que lakar viene a significar "áspero, escabroso" , y a este determinante calificativo se le une el sufijo intensivo –txe, que traduciremos por “muy”. Por último, un nuevo determinante, laa, que vale por cansancio o fatiga.
Y ya tenemos la construcción, lakar-txe eta laa > lakartxe (eta)la(a).
En conclusión, Lakartxela significa literalmente “muy escabroso y (algo) fatigoso”. Y si ya habéis subido a su cima, sabréis que esto es indiscutible.
ASCENSIÓN AL ARLAS POR LARRA-BELAGUA

Puede que la popularidad del Arlas se vea ensombrecida debido a su cercanía con el Auñamendi.
Aún así, no nos engañemos, se trata de una cima que sobrepasa los 2000 metros, concretamente, 2.044 metros, y que ofrece unas vistas brutales al Valle de Belagua, al Pico Anie (Auñamendi) y al Valle de Barétous.
La ascensión empieza en el aparcamiento de la Piedra de San Martín, el camino está muy bien marcado y en poco más de 4 kilómetros y tras superar la fuerte pendiente del tramo final.
TAAAAAAACHÁN!
Tenemos el karst de Larra bajo nuestros pies y la majestuosa cima del Auñamendi en frente.
PEÑA EZKAURRE DESDE EL PUERTO DE LOS NAVARROS

Desde Izaba nos dirigimos hacia Zuriza.
La ruta comienza en un pequeño rellano que hace las veces de cruce de caminos y parking improvisado, justo al lado de un enorme cartel que anuncia que hemos entrado en Navarra. Desde ahí, el sendero se desvía pronto del asfalto para internarse en el bosque y empezar a subir sin disimulo, siguiendo las marcas rojiblancas del GR-11, que dejan claro desde el principio que aquí se viene a sudar.
La subida atraviesa un hayedo espectacular hasta el Collado de Abizondo, donde el paisaje da paso a una ladera de caliza que refleja la luz incluso en los días más grises. A media ascensión, una enorme sima sin señalizar aparece de improviso, un inquietante recordatorio de que este macizo kárstico es poco más que un gigantesco gruyère formado por antiguos restos marinos.
En la cima nos recibe una amplia planicie, el viento sopla frío, de ese que te hace preguntarte por qué no metiste una capa más en la mochila.
En el extremo oriental se abre un mirador de vértigo: Espelunga y la Forca de Alano despliegan todo su poderío al otro lado del desfiladero del río Veral, que cumple su eterna misión mil metros más abajo, ajeno a nuestras contemplaciones.
Tras la foto obligatoria en el vértice geodésico —posiblemente el elemento más feo de toda la cumbre—, toca abrigarse y atacar el bocadillo como si no hubiera un mañana. El horizonte, hipnótico y silencioso, empieza a hacer de las suyas y te atrapa la mirada sin pedir permiso.
Poco después aparecen un señor con las manos en los bolsillos. Saluda desde la distancia justa, se sienta aún más lejos y, sin decir palabra, deja que el paisaje haga el resto.
Cuando por fin decidimos emprender el regreso, ya no queda nadie. Solo una docena de cabras que avanzan con calma por la lapiaz de la cima, recuperando el territorio como quien vuelve a casa y se encuentra todo en orden.
LA PAKIZA DE LINZOLA DESDE EL REFUGIO DE LINZA

La subida a la Paliza de Linzola arranca en el refugio de Linza, ese lugar donde todo el mundo parece muy seguro de lo que va a hacer… hasta que empieza a subir hacia el Collado del mismo nombre.
. Al principio el camino se deja querer: praderas amplias, ambiente bucólico y vacas pastando que te miran con cara de “ya volverás”. Pero la tregua dura lo justo. Pronto el sendero se empina y deja claro que el nombre de la ruta no es ninguna broma: aquí se viene a ganar desnivel con dignidad.
La senda asciende sin rodeos, alternando hierba, roca y tramos donde el suelo desaparece y las vistas se multiplican. A cada paso, el valle de Linza se va encogiendo a la espalda mientras el paisaje se vuelve cada vez más salvaje y mineral. No hay árboles que distraigan: solo cielo, montaña y la sensación constante de estar subiendo “un poco más” desde hace demasiado rato.
Llegamos al collado de Linza y, unos continuan hacia el Petrechema, otros, hacia La Mesa de los Tres Reyes, y nosotros hacia La Pakiza.
Nos quedamos solos. BIEN.
Cuando alcanzas la Paliza de Linzola, el esfuerzo cobra sentido.
El panorama es amplio, rotundo y silencioso, de esos que te obligan a parar, respirar y fingir que no vienes jadeando. Frente a ti se despliegan las montañas del entorno de Linza y Lescun, con el Pirineo calcáreo mostrando su versión más cruda y espectacular. Un lugar para quedarse un rato, sacar la foto y asumir que, sí, ha merecido la pena… aunque al bajar las piernas igual no opinen lo mismo.
TXAMANTXOIA DESDE LINZA

La subida al Txamantxoia empieza con ese engaño clásico del Pirineo navarro: sendero amable, bosque bonito y la falsa sensación de que hoy va a ser un paseo. El camino se interna entre hayas y pinos, el suelo está cómodo, el entorno acompaña… y tú piensas: “qué bien se camina aquí”.
Error de principiante.
Porque el Txamantxoia, discreto desde abajo, va ganando carácter a medida que avanzas y decide que no, que aquí también se viene a sudar un poco.
El sendero asciende sin aspavientos pero sin tregua, dejando atrás el bosque para abrirse poco a poco a zonas más despejadas, donde el paisaje empieza a ensancharse y el valle se despliega a la espalda. Las vistas se multiplican y la sensación de aislamiento aumenta, de las buenas, de las que hacen que mires alrededor y sonrías sin saber muy bien por qué.
Mientras tanto, los perros avanzan con absoluta superioridad moral, suben, bajan, exploran y te miran como diciendo: “¿ya estás cansada?”.
A medida que ganamos altura, el Pirineo se muestra en todo su esplendor. Afronto el último tramo con calma, no puedo hacerlo de otra forma, disfrutando más del entorno que del reloj, porque aquí la gracia no está en llegar rápido, sino en ir empapándose del paisaje.
Arriba, el viento refresca, las vistas se abren en todas direcciones y llega ese momento inevitable de pausa, foto y satisfacción silenciosa. En la imagen final, poso dignamente junto a IRA, Otsagi y Laia, con buenas vistas y mejor compañía.
Rutas en el Valle de Roncal para toda la familia
BELABARTZE: LA CASCADA MÁS BONITA DE BELAGUA

La visita a la cascada de Belabarze es una de esas excursiones agradecidas que empiezan y acaban sin complicaciones. Se sale desde el aparcamiento del Valle de Belagua, cerca de Isaba, y desde el primer momento el camino está claro.
El sendero avanza tranquilo entre bosque, acompañando al río, sin grandes desniveles ni tramos técnicos, así que se camina a gusto y sin prisas.
En poco más de media hora, tras un recorrido corto y cómodo, el sonido del agua empieza a hacerse más evidente hasta que, casi sin avisar, aparece la cascada. No hace falta mucho más: parar un rato, sentarse, hacer alguna foto y disfrutar del entorno.
Es una ruta perfecta para todos los públicos, para ir con calma o para completar un día de montaña sin acabar machacado.
Una excursión sencilla, bonita y muy resultona, ideal para llevarse una buena impresión del Valle del Roncal sin complicarse demasiado.
UNA RUTA CIRCULAR POR EL RINCÓN DE BELAGUA

Un gran glaciar moldeó el paisaje de este valle. Uno en el que el bosque de pino silvestre se exhibe en imposibles laderas y el hayedo, impenetrable en algunos puntos, todavía hoy da cobijo a algunos de los últimos osos pardos que sobreviven en el Pirineo. Y en sus altas cimas, como premio al esfuerzo realizado, nos muestra otra visión, donde una se ve empequeñecida.
Esa es la magia de Belagua.
Y quizá sea más. También es historia y es camino.
Belagua acogió en la época megalítica, las primeras expresiones de pastoreo. Fue ruta romana, ruta empedrada. Por este valle entraron durante siglos los peregrinos que, atraídos por las reliquias de Santa Engracia, se desviaron de la ruta principal hacia Santiago. Ese mismo camino fue posteriormente convertido en ruta de la lana, desde donde se daba salida comercial a interminables caravanas de mulas. Y es que en este valle se iba y venía.
Iban y venían los contrabandistas.
Iban y venían bearneses contratados para construir bordas.
Iban y venían las “golondrinas” mujeres del valle que caminaban hasta Maule en invierno y regresaban con la primavera después de fabricar alpargatas.
Iban y venían las “auchas”, mujeres supuestamente endemóniadas, que desde Zuberoa las trasladaban para que la virgen de Garde las sanase.
Algo sabe Belagua de batallas y de guerras, de huidos políticos y de maquis, de pastores y modernistas, de culto al Sol y de culto a Dios. De todo ello han sido testigos las cumbres que con su encanto nos llaman.
Belagua mantiene intacta su personalidad y os animamos a comprobarlo en un cómodo sendero 👉 RUTA CIRCULAR POR EL RINCÓN DE BELAGUA.
ZEMETO BIDEA DESDE EL REFUGIO DE BELAGUA

La ruta circular de Zemeto Bidea empieza en el refugio de Belagua, que ya te da la sensación de estar en buena compañía: montaña, vacas y nada de tráfico. Desde ahí, el camino se abre entre praderas y pequeñas subidas que te dejan avanzar sin dramas, con vistas al valle que invitan a mirar más de lo que caminas (peligro: te puedes perder admirando el paisaje).
La circular es muy agradecida: subes por un lado, bajas por otro y siempre descubres rincones que parecen hechos para parar y sacar la foto perfecta… o para descansar un poco mientras te comes el bocadillo. No es ninguna paliza, pero tampoco te deja totalmente de brazos cruzados: lo suficiente para estirar piernas y sentirte protagonista de la montaña.
Al final vuelves al refugio con la sensación de haber recorrido Belagua desde todos los ángulos, habiendo visto paisaje, vacas curiosas y senderos que se pierden a lo lejos. Perfecta para una mañana o una tarde de relax activo: suficiente aventura para que merezca la pena, sin acabar sudado ni jurando en idiomas inventados, y lo que es mejor, con la posibilidad de beberte una cerveza fresquita al final de la ruta👉 REFUGIO DE BELAGUA.
La Piedra de San Martín

En el Puerto de Belagua, en el collado de Ernaz, el mojón número 262 pasa desapercibido.
Está inclinado.
Parece que, en cualquier momento, vaya a vencerse sobre la hierba.
Sin embargo, está muy presente para la gente de estos valles, ya que, es aquí, donde desde hace más de 6 siglos se celebra un acuerdo muy particular…
SAVE THE DATE
En el collado de Ernaz los vecinos se reúnen cada 13 de julio para zanjar una disputa suscitada en el siglo XIV.
Esta ceremonia tiene su origen en un conflicto suscitado entre los habitantes de Erronkari y del valle bearnés de Baretous. Los problemas surgieron en torno a los derechos sobre pastos y fuentes que se tradujo en diversos episodios de violencia entre unos y otros. En uno de ellos, Pedro Karrika, de Izaba, mató a Pierre Sonsoles, de Arette. La polémica se zanjó con un tratado de paz que se firmó el 13 de julio de 1375 ante la Piedra de San Martín: EL TRIBUTO DE LAS TRES VACAS.
Desde entonces, los del norte entregan tres vacas de 2 años a los del sur y juran ante el famoso hito “pax avant”, es decir, paz desde ahora en adelante. A cambio sus rebaños podrán usar el agua y los ricos pastos de esta montaña durante 28 días.
En resumen…
Vienes para desconectar y te llevas historia, cimas, rutas circulares, vacas cotillas y un paisaje que te atrapa sin pedir permiso. ¿Qué más quieres? Ponte las botas y deja que la montaña haga el resto.
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