Chiang Rai: qué ver en la Tailandia más auténtica


LO MEJOR DE CHIANG RAI


Chiang Rai es el norte sin filtros: tradiciones profundas, paisajes verdes y una Tailandia que aún camina a su propio ritmo.

Mujeres recogen a mano el té Oolong en una plantación de Chiang Rai
Mujeres recogen a mano el té Oolong en una plantación de Chiang Rai

¿Cómo llegar a Chiang Rai?

Chiang Rai es una ciudad pequeñita pero matona del norte de Tailandia.

Está a unos 188 km de Chiang Mai y coquetea con las fronteras de Laos y Myanmar, como quien no quiere la cosa.

Aunque no impresiona por tamaño, sí lo hace por logística: aeropuerto internacional y estación de autobuses con dos terminales.

Vamos, que excusas para no llegar no hay.

Dependiendo de cómo montes el itinerario, puedes aterrizar en Chiang Rai de varias maneras:

✈️ EN AVIÓN (modo rápido activado)

El aeropuerto internacional de Chiang Rai (Mae Fah Luang) está a solo 8 km del centro. Aunque suene muy glam, la mayoría de vuelos son nacionales, así que lo normal es llegar desde Bangkok, o si vienes del sur, desde Krabi o Phuket.

Para llegar al centro, cero dramas: en la zona de salidas hay stands de taxi con precio cerrado, unos 3–3,5 €. Barato, fácil y sin regateos de alto voltaje.

🚌 EN AUTOBÚS (modo viajero pro)

Si viajas con el presupuesto vigilado o te gusta ver cómo el paisaje cambia poco a poco, el autobús es tu aliado.

Chiang Rai está muy bien conectada con ciudades como Bangkok, Chiang Mai o Sukhothai, e incluso se puede llegar desde Phuket si te va la épica.

Nosotros llegamos desde Chiang Mai en autobús VIP de Greenbus.

El billete lo compramos un día antes en la terminal 3 de la estación Arcade, aunque también se puede reservar online en 12goasia.

Los autobuses llegan a la Chiang Rai Bus Terminal 1, que está en pleno centro, así que bajas del bus y ya estás dentro del juego.

🚐 EN FURGONETA (modo rápido pero apretado)

También puedes llegar en furgoneta desde Chiang Mai (y otros puntos). Nos la ofrecieron en la estación, pero dijimos que no gracias.

¿Por qué? Son más rápidas, sí… pero también más incómodas. Y cuando las rodillas empiezan a negociar espacio vital, el encanto se pierde.

Wat Rong Khun: el maravilloso Templo Blanco de Chiang Rai

Durante nuestra visita a Chiang Rai, no podemos irnos sin visitar uno de los lugares más anunciados, fotografiados y comentados de la provincia… y también uno de los más raritosEL TEMPLO BLANCO.

imprescindible
El templo Blanco: un imprescindible de Chiang Rai

Esto no es el típico templo budista centenario lleno de monjes en silencio sepulcral.

El Templo Blanco (Wat Rong Khun) empezó a construirse en 1997 y es obra de un pintor tailandés que decidió jugar a arquitecto.

Es una locura convertida en genialidad, de esas que te dejan mirando alrededor con cara de “¿pero esto qué es?”. Y ojo, que lo que se ve ahora es solo el aperitivo: el proyecto estará terminado dentro de unos 40 años. Si ya impresiona así, imaginad el final boss.

Aquí TODO está cargado de simbolismo.

Nada es casual, ni siquiera lo que parece una broma.

El templo debe su nombre al blanco impoluto de sus materiales, que simboliza la pureza del budismo.

Además, está decorado con incrustaciones de cristal, que representan la sabiduría de Buda brillando (literalmente) por todas partes.

⚠️ ATENCIÓN! Que no se te olviden las RayBan los días de sol. La que avisa no es traidora…

Cientos de manos bajo el puente de la reencarnación.

Para acceder al ubosot (la sala principal) hay que cruzar el famoso puente de la reencarnación, suspendido sobre cientos de manos saliendo del suelo en plan peli de terror.

Estas manos representan los deseos, las angustias y las tentaciones humanas que hay que dejar atrás para alcanzar la iluminación. Vamos, que cruzas el puente y simbólicamente te despides de tus demonios… o al menos lo intentas.

Custodiando la entrada hay gigantes guardianes que dejan claro que aquí no se entra despistado. Y una vez dentro… BOOM 💥.
Nada de escenas clásicas de la vida de Buda. Aquí te encuentras con Hello Kitty, Kung Fu Panda o Michael Jackson. Sí, has leído bien. Y no, no es una broma ni un ataque de kitsch.

Todo tiene sentido (aunque cueste verlo): estas figuras representan los falsos ídolos modernos que distraen a la humanidad de su camino espiritual.

Los guardianes custodian la entrada al ubosot del Templo Blanco
Los guardianes custodian la entrada al ubosot del Templo Blanco


Además, aparecen saliendo de las fauces de Mara, el demonio que intentó impedir que Buda alcanzara la iluminación.

CONCLUSIÓN:  Hello Kitty es un demonio.
Nosotros no añadimos nada más.

En los jardines que rodean el templo encontrarás árboles llenos de hojas plateadas. Puedes comprar una, escribir lo que te apetezca y colgarla como deseo u ofrenda. Si encontráis la nuestra… escribidnos, por fa 😉

Y no olvidéis el objetivo principal de esta visita:
todo aquel que cruza el puente de la agonía deja atrás sus demonios y sale en paz.
O al menos, con muchas fotos y la cabeza dando vueltas.

El Triángulo de Oro

Aquí convergen Tailandia, Laos y Myanmar
Aquí convergen Tailandia, Laos y Myanmar
Triángulo de Oro
Triángulo de Oro
Perdidos en la frontera de Tailandia
Perdidos en la frontera de Tailandia

Desde Chiang Rai también es casi obligatorio acercarse a uno de esos lugares que suenan a película, contrabando y mapas antiguos: el Triángulo de Oro.

Aquí Tailandia, Laos y Myanmar se dan la mano (cada uno desde su orilla) justo en el punto donde el río Mekong se encuentra con el río Ruak.

Una frontera natural en forma de triángulo que parece tranquila… pero que tiene un pasado bastante intenso.

Actualmente, visitar el Triángulo de Oro es más una experiencia curiosa y simbólica que peligrosa. Un lugar para entender cómo una región puede darle la vuelta a su destino… y para plantarte delante del río, señalar con el dedo y decir:
“Ahí es Laos. Ahí Myanmar. Y yo estoy aquí, en Tailandia”.

Plantación de Té Oolong

Mujeres recogiendo el té Oolong
Choui Fong es una plantación de 1977
Entre campos de té azul.

Hoy toca subirnos a bordo de un todoterreno para visitar una plantación de té Oolong (té azul), concretamente 👉 UNA VISITA A LA PLANTACIÓN DE TÉ CHOUI FONG.

Es depurativo, digestivo, tiene poca teína y está cargado de vitaminas y minerales. Vamos, que sienta bien por dentro y huele mejor que muchos perfumes.
Su nombre significa “Dragón Negro”, que ya solo por eso sabe mejor.

Y sí, podréis comprarlo allí mismo, recién salido de las montañas.

Estas plantaciones de té han ido sustituyendo en algunas zonas de Chiang Rai a los antiguos cultivos de opio, que hace unos 50 años estaban tan extendidos como hoy los campos verdes que veis delante de vuestros ojos. Cambio de era, cambio de aroma.

La recogida se hace de forma totalmente artesanal, hoja a hoja, sin prisas y sin máquinas ruidosas.

Aquí el tiempo va a otro ritmo.

Y ahora, por favor, admirad las fotos.

No porque sean de National Geographic, sino porque me costaron una hostia como un pan.

No os podéis imaginar la cuesta, el barro y el resbalón constante al entrar en la plantación.

Aquello parecía más una expedición clandestina a una plantación de opio que una tranquila visita a campos de té.
Menos mal que viajamos seguros con IATI!

Si tú también quieres resbalarte tranquila para conseguir fotones en las plantaciones de té, consigue tu seguro IATI con un 5% de descuento.

Lo que NO deberías hacer en tu visita a Tailandia

Una mujer del poblado Akha con sus dos hijos
Una mujer del poblado Akha con sus dos hijos

Viajar también es elegir.

Y no todo lo que se ofrece al turista merece nuestra visita, por muy “auténtico” o “imprescindible” que lo pinten.

En el norte de Tailandia, especialmente por esta zona, es habitual que se ofrezcan excursiones a poblados de mujeres jirafa u otras aldeas “tradicionales”. Puede sonar curioso, incluso cultural… pero en muchos casos no lo es tanto.

Estas visitas convierten a personas reales en atracciones humanas, observadas, fotografiadas y recorridas como si formaran parte de un parque temático. Muchas de estas comunidades viven del turismo porque no tienen otra alternativa, atrapadas en un sistema que perpetúa la desigualdad en lugar de proteger su cultura.

No es una experiencia cultural.
Es un escaparate incómodo.

Tailandia tiene templos, naturaleza, historia, gastronomía y gente maravillosa de sobra como para no necesitar este tipo de turismo.

Viajar con conciencia también forma parte del camino.
Deja que el recuerdo que te lleves del país sea tan bonito como respetuoso

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