Si lees el titular: “Sumergete en el Mar Muerto, un mar de belleza eterna”.
Por favor, que nadie lo haga de manera literal.
Una sola gota de este agua en los ojos, es un castigo bíblico.

Unos datos muy salados
- El Mar Muerto se extiende entre Jordania, Israel y Cisjordania.
- Es el punto más bajo de la Tierra, a unos 430 metros bajo el nivel del mar.
- Técnicamente no es un mar, sino un lago muy salado.
- El nivel de salinidad es del 34%. ¡Más que las sopas de sobre! Es imposible hundirse.
- Sus minerales tienen las propiedades de un SPA.
- Embadurnarse en sus lodos es una inyección de bienestar.
- No metáis la cabeza debajo del agua y no os frotéis los ojos con los dedos mojados bajo ningún concepto. La que avisa no es traidora…
- Aunque vayáis a subir la foto a Instagram, no llevéis vuestro mejor traje de baño. De nuevo, la que avisa no es traidora…
- No os quedéis mucho tiempo dentro (entre 10-20 minutos) es suficiente.
- Llevad sandalias de agua, el fondo puede tener piedras afiladas, cristales de sal y restos de viajeros que no leen este blog.
Sobreviviendo al Mar Muerto
La teoría es sencilla:
Te metés, flotás, sacas una foto leyendo y sales rejuvenecida.
La práctica es otra cosa…
Primero, el acercamiento al agua (agradezco llevar puestas mis cangrejeras). Intento hacer una entrada triunfal, pero está claro que no tengo alma de instagrammer, ni conocimientos sobre mares que parecen sopa de sobre.
Segundo, intento zambullirme como si estuviera en la playa de Plentzia. Pero no funciona. En el agua pierdes el control sobre tu cuerpo que flota sólo.
Solo.
Sin que le preguntes.
Como una boya del puerto de Bermeo.
Y a mi, me entra la risa.
Tercero, intento sacarme la típica foto y con la tontería me entra una gota al ojo. UNA GOTA. 1. UNA.
Qué agonía.
Qué tortura.
Sólo me alivia pensar que mi piel saldrá rejuvenecida.
Ciega, pero con la piel tan suave como si me hubiera hecho una skincare con polvo de cuerno de unicornio.
¿Las mágicas propiedades del lodo?

El lodo del Mar Muerto tiene un montón de propiedades: antiaging, antiestrés, anti-todoslosmalesdelsigloXXI.
¿Y si todo esto fuera un cuento chino? O mejor dicho:
¿Y si todo esto fuera un cuento jordano?
A ver, analicemos la situación:
Hemos pagado por untarnos la piel con un barro que los jordanos extraen de la orilla (gratis).
Te lo ofrecen como si ese recipiente pringoso en la orilla fuese el mismísimo cáliz que usó Jesucristo en la última cena, y que el barro que contiene en su interior, fuese el agua que nos va a dar la vida eterna.
Y claro, ante semejante promesa, los turistas llegamos a este lugar, y nos aplicamos el ungüento con toda la devoción del mundo: cara, brazos, piernas, panza, espalda… donde alcance la dignidad.
Y no falla: coreanos, franceses, brasileños, alemanes… CAEMOS TODOS.
Mientras tanto, los locales observan desde la orilla con cara seria, como si esto fuera ciencia infusa.
Pero si os fijáis bien, más de uno se aguanta la risa.
Y con razón. Han logrado forrarse viendo como los turistas nos rebozamos en barro.
¿Merece la pena visitar el Mar Muerto?
Y a pesar de esto, nosotros volveríamos una y otra vez a vivir esta experiencia en el Mar Muerto.
¿Por qué?
Porque la sensación de flotar en este lago salado es única.
Da igual que to lo haya contado tu tía o tu vecina la del 4º, tienes que venir a probarlo en tus propias carnes.
Eso es así.
Y para que la experiencia sea total, ¿por qué no hacerlo en un hotel de lujo con acceso directo a una de las playas del Mar Muerto?
Los de Civitatis te lo ponen fácil, porque la entrada incluye el traslado desde Amán:




